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Yo no me atrevo a cambiar de bando.

No sé cómo explicarles a mis clientes lo que está pasando con los gastos de hipoteca. Tampoco sé qué decir de las demandas presentadas hace 4 meses, de las que no tengo ni número de procedimiento.

No sé cómo algunos juzgadores tienen el atrevimiento de cambiar de idea de forma tan radical con demandas que seguían sus propios criterios, de una sentencia a otra, como si jugáramos a la oca. Ni lo justifican, sencillamente deciden un cambio de criterio espontáneamente en sólo unos meses. Por lo menos podían explicar por qué ahora opinan diferente, teniendo en cuenta que yo defendí sus anteriores argumentos para presentar la demanda, por respeto a mi trabajo. Mientras tanto, la entidad bancaria da palmas. Encima no siempre hay condenas en costas, aún cuando vences sustancialmente. Y la entidad bancaria sigue dando palmas, más fuerte.

El Tribunal Supremo dijo una vez que, si no se condena en costas al banco cuando se trata de consumidores, al final estos, de alguna forma, sí se ven afectados por la inclusión de cláusulas abusivas.

Y tanto. Sin una condena en costas, parte del dinero recuperado y que la entidad luchó por quedarse, tiene que destinarse a pagar al abogado y procurador.

Tengo la sensación de ser una defensora de causas perdidas. Causas perdidas que se ganan por justicia, pero son victorias que te arrebata la confluencia de otros intereses. Y es que no parece muy normal nombrar a los juzgados provinciales únicos de cláusulas abusivas como “especializados”. Me recuerda a cuando empezaron a llamar a los peajes automáticos de las autopistas como “pago fácil”. No, no es fácil, es automático. Pues lo mismo con los juzgados “especializados”. No son especializados, son únicos para toda una provincia.

Yo seguiré peleando, estudiando durante horas, escribiendo varios días nuevas correcciones a las demandas, presentando ampliaciones de las ya presentadas por cada nueva sentencia que dicten para intentar ganar las costas y en caso de no lograrlo, cobrando cantidades irrisorias para que los consumidores puedan disfrutar de algo de un dinero que nunca debieron pagarle al banco.

Atrevidos ellos de cambiar de criterio, pero yo no, yo no me atrevo a cambiar de idea.
Ni de bando.

-Raquel Duque.

 

PD. Soy muy consciente de la necesidad de que los juzgadores dicten sentencia con libertad, y con esa misma libertad tengo mi opinión. El hecho de que yo la comparta en este artículo no significa que deba ser compartida.

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